Como muchas
pioneras cantantes de los primeros años 60 en España, Carmina Campos comenzó a actuar
en público a muy temprana edad, concretamente en 1960, cuando contaba 15 años.
Lo que la sitúa a un paso de Rocío Dúrcal, Marisol, o Ana Belén, que entonces apenas
estaban iniciando sus carreras musicales y cinematográficas. Aunque más que
niña prodigio, Carmina fue “adolescente prodigio”, que anticipó los posteriores
lanzamientos discográficos, acontecidos en plena pubertad, de cantantes como
Sonia, Marta Baizán, Nuri, Olympia, Encarnita Ortiz o Licia.
Bien es cierto
que Carmina dejó una huella discográfica mucho más pequeña que sus compañeras, que
se resume a un único EP, publicado por Zafiro en 1963; pero está claro que llegó
al mundo de la canción impulsada por una pasión tan grande como la que movía a
sus colegas, que la llevó a recorrer escenarios de toda España y a desarrollar
una trayectoria musical brillante, sumamente personal, entre 1961 y 1966. Que proporciona
una instantánea única e irrepetible del bullicioso ambiente de cantantes, concursos,
cazatalentos, conjuntos, productores y festivales que proliferaban en la época.
Carmina era una
rubia serrana, celtíbera y segoviana, como su coterránea la cantante Olympia. Nacida
por fortuna para el mundo en Navafría y criada en el aire puro de la vertiente
norte del Guadarrama, no tardó en establecer su base de operaciones musicales un
poquito más al sur, en Madrid, donde acostumbró a residir con su familia.
Desde un
principio se sirvió como es lógico de dos herramientas básicas: su talento y su
voz, que exhibió incansablemente en emisoras de radio y festivales benéficos,
los únicos espacios que podían admitir sus actuaciones mientras fuera menor de edad.
Un período que la llevó a coincidir con los primeros pasos de futuros famosos
como el “Niño de Linares”, más tarde Raphael, cuando era todavía un… ¡cantante
de copla y flamenco! Durante su primera actuación en Radio España.
Fue precisamente
un concurso radiofónico organizado por la Voz de Madrid, arbitrado cada fin de
semana durante 9 largos meses, a lo largo de 36 domingos, en cada uno de los
cuales Carmina tenía que batirse en duelo con 6 rivales, el que la llevó a alcanzar
su primer triunfo. Que incluyó un premio pecuniario y una invitación para
actuar en el IV Festival Español de la Canción de Benidorm, celebrado durante los
días 21,22 y 23 de julio de 1962.
El ganador de
este festival fue (otra vez) el niño de Linares, ya como Raphael, que se hizo
con el premio de manera un tanto artificial, pues la canción que defendió,
titulada Llevan, fue elegida vencedora ante el disgusto del público, que
montó un enorme pataleo y arrojó cientos de almohadillas al escenario. Carmina participó
en el certamen como cantante invitada, fuera de concurso y sin figurar en los
programas oficiales, si bien su actuación constituyó todo un éxito que atrajo la
atención de la prensa musical, la rodeó de admiradores y multiplicó las
oportunidades para actuar en todo tipo de eventos.
A finales de 1962,
una vez cumplida la mayoría de edad y recién acreditada como cantante profesional,
durante una actuación en la Piscina Marbella de Madrid reclamó la atención del
insigne locutor chileno Raúl Matas, que entonces cosechaba enorme éxito en
España con sus programas Discomanía y Cancionero, respectivamente
para la radio y la televisión.
Matas la invitó
a grabar un disco y la condujo ante Luis Sagi Vela, afamado cantante lírico y director
gerente de Zafiro, quien, tras hacerle una prueba, la contrató de inmediato, adoptándola
como
un nuevo valor de la discográfica; con la perspectiva de publicar sus grabaciones
y de enviarla a concursar a un nuevo certamen, esta vez al IV Festival
Hispano-Portugués de la Canción del Duero, que debía celebrarse en el verano de
1963 en Aranda de Duero.
La grabación
de su primer disco discurrió a toda prisa: apenas una semana para aprender sus
cuatro canciones, sin tiempo de poder interiorizarlas y sin posibilidad de
escoger el repertorio. El vinilo, único de Carmina Campos, publicado por Zafiro
a principios de 1963, destila efectivamente cierto aire improvisado, pero
contiene dos absolutas delicias en la onda de la samba y la bossa nova que
entonces hacía furor en todo el mundo, tras su reciente invento en Brasil; que
se adecúan de manera inmejorable a su dulce voz.
Una es Ay, ay, ay que luna, versión de un tema
de Pallavicini/Buffoli adaptado al castellano por Antonio García Padilla, que
fue grabado en el mismo año 1963 por la consagrada cantante italiana Betty
Curtis; una explosión de buen gusto, con monumental orquestación, una
producción de las que quitan el hipo y una letra que dibuja un paisaje lírico e
intimista -por favor discreta luna, no
cuentes, a nadie, mi amor- con las que la voz de Carmina se relaciona de
manera brillante, fluida y feliz.
La otra es Nuestra samba, versión de un tema de los
franceses Marnay/Magenta, que así mismo fue grabado en 1963 por una madura y
consagrada Jacqueline François; de nuevo una canción romántica e intimista,
esta vez de corte más nostálgico, con esa buscada dulce melancolía tan propia
de la onda brasileira, unida a una finura digna del mejor amor cortés. Si no me creen, compruébenlo por sí mismos, por favor. Aquí pueden escuchar ambos temas:
Tras el disco llegó el prometido festival de
Aranda de Duero, en el que, teóricamente, Carmina tendría que batirse en duelo
con destacadas figuras del pop español y portugués: Tito Mora, Rui de
Mascarenhas, Rocky Kan, Gina María, Luis Heras, Albertina Cortés o la estrella
del twist andergraun Raúl Navarro (que en mi opinión se merecía el
primer premio). La realidad fue en cambio bien distinta: cuando ya estaba todo
preparado y la publicidad lanzada, pidieron a Carmina que se retirara del
concurso para ser sustituida por Karina, lo que ella lógicamente rechazó; en el
certamen le endosaron dos canciones estridentes que no iban nada con su estilo:
El trébol de la suerte y el friki-cha-cha-cha El burrito organillero,
escritas por un compositor local invidente; pudo comprobar con sus ojos y oídos
cómo los premios se negociaban y pactaban, antes incluso de que se llevaran a
cabo las interpretaciones. Y la buena de Albertina Cortés ni siquiera
compareció al concurso.El tema ganador fue Beso robado en la interpretación de Luis Heras, una bossa nova a medio camino entre el hit internacional de la norteamericana Eydie Gorme Blame it on the bossa nova y el no menos importante hit popularizado por Marisol Bossa nova junto a tí (de Guijarro/Algueró), a los que imitaba descaradamente. Este y otros temas del festival fueron grabados por Luis Heras, Albertina Cortés y Rui de Mascarenhas en sendos EPs para Zafiro, con números de serie casi correlativos al del EP
de Carmina Campos, que en principio ya era compañera de sello discográfico de los tres cantantes. Si bien la (mala) experiencia de Aranda de Duero -Carmina no se quiso quedar ni al guateque de despedida- significó el fin anticipado del contrato con Zafiro y, consecuentemente, la recuperación de la libertad para decidir sobre su propia carrera artística.
En 1964 Carmina empezó a colaborar asiduamente
en los escenarios con el showman originario de Panamá George Green, alias El bárbaro del ritmo, un tipo rebosante
de energía, humor carcajeante -su otro seudónimo era G.G.- y enorme sentido musical, que actuaba semanalmente el
programa Cancionero de TVE, dirigido
y presentado por Raúl Matas. George tuvo la gentileza de dejarnos un bonito
recuerdo de su estancia en nuestro país al publicar hasta tres discos (dos EPs
y un single) con el sello Berta entre 1965 y 1967, que grabó acompañado por el
conjunto madrileño Los Batangas y por la orquesta de Nelo Costa.
Green & Campos
Debemos al
amigo Green la invención del Ritmo
Quiniela (1967), uno más entre los innumerables y enloquecidos bailes que
surgían sin parar por aquellos años: éste, créanme, con verdadero gancho; un divertido
tema rebosante de onomatopeyas ye yé: Saca
brillo al piso (1965); y el haber mantenido una bonita relación con Carmina,
a ritmo de yenka, sucu sucu y twist. Pues estos eran los estilos del
single que amorosamente le dedicó en 1965, que llevaba en la cara A el tema Cancionero, referente al programa de TVE
donde actuaba; y en la B, El canario de
Carmina, canción humorística protagonizada por Suky, el pajarito que la
Campos solía tener suelto por casa:
Suky, Suky, A
Sukiki / El canario / de Carmina / La pobre de Carmina se asustó / porque el canario se le escapó / y el pobre
pajarito en el reloj / estaba viendo el televisor / Ay, ay, ay, ay, ay / yo quiero estar con mi Carmina que linda
/ Carmina mía de mi amor.
El caso es que
George quiso fotografiarse con el canario para la portada del disco. Pero este,
a pesar de su talante simpático, no se dejó convencer para el retrato, cuando
le vio con el sombrero puesto dentro de casa y acompañado por los fotógrafos.
Durante este año
y los siguientes Carmina mantuvo una intensa agenda de actuaciones en Madrid y
alrededor de toda España: con George en uno de sus programas de la tele; en el
Primer Gran Festival Internacional de la Canción, del Palacio de la Zarzuela
(Marzo de 1964); en el Círculo de Bellas Artes; en el Madrid Casino y en la
sala Luss May, también en el foro; así como en un sinfín de salas y
celebraciones en Granollers, Navahermosa, Puerto de Béjar, El Ferrol, Jaca,
Sabiñánigo…
A punto estuvo de convertirse en una chica ye-yé canónica, como mandaban los tiempos, pues no en vano varios conjuntos se disputaron su belleza y su dulzura rogándole que permaneciera junto a ellos como voz cantante. Caso de Los Radar’s, y en especial de Los Escobarino, grupo ye-yé madrileño que llegó a publicar un single con el sello Sesión en 1966, bajo el nombre de Escobarino y los Xuyos; con los que Carmina estuvo cantando durante 6 meses de ese mismo año en la sala Yulia de Madrid. Justo el año y la sala que acogió la primera (y recordada) actuación de The Kinks en España, teloneados por Los Botines.
Estos fueron
los últimos movimientos de su carrera musical en los años 60. Como tantas
chicas cantantes de su misma época, el matrimonio y los compromisos familiares conllevaron
un parón en su carrera musical, que desde entonces ha retomado esporádicamente.
Estarán de acuerdo conmigo en que su experiencia era digna de conocerse.
Imposible que ya nada ni nadie pueda quitarle lo bailao. Ni lo cantao.
Mucha gente cree que toda la movida yeyé española de los años
60 fue la consecuencia natural de un invento de los Beatles, a causa del revuelo creado
por sus canciones de 1963 She Loves You, e
It Won’t Be Long, que iban cargadas de
onomatopeyas ye-yé; junto con la influencia un poco posterior del también británico
Georgie Fame y su hit masivo Yeh yeh,
igualmente plagado con las sílabas de marras, que fue grabado en 1964 para
alcanzar la cima del éxito al año siguiente.
Pues están equivocados. O, al menos, sólo ven una pequeña parte del mosaico. Porque el movidón yeyé español fue un asunto bien original, con características
propias. Permeable, desde luego, a todo tipo de influencias foráneas, que
fueron esenciales; pero, frente a lo que pudiera parecer, no procedieron en
su mayor parte del mundo anglosajón; ni siquiera de Francia. El principal referente para el pop español de aquellos años (1964-1967)
fue, sin duda alguna, la canción italiana, que tenía su escaparate anual en el Festival
de San Remo: una fábrica inagotable de canciones para versionar; que además sirvió
de modelo a numerosos festivales autóctonos, que acabarían jugando un papel clave en el desarrollo de
la "canción ye-yé" española. En especial dos de ellos: el Festival de la Canción Mediterránea en Barcelona y
el Festival de Benidorm.
No debe olvidarse que el Festival de San Remo en su edición de 1964 produjo un referente esencial para el ye-yé autóctono: Quandro vedrai la mia
ragazza, interpretado por el rocker Little Tony, que iba tanto o más
cargadito de ye-yés que las canciones de los Beatles y Georgie Fame antes
citadas. Así lo demuestran las numerosas versiones del mismo que se grabaron en
castellano, con el título de Si encuentras a mi amor: comenzando por una del propio Little Tony, y siguiendo con las de
Ennio Sangiusto, Silvana Velasco, Tony Vilaplana, Los Mustang, Rudy Ventura, el
Duo Juvent’s, y Michel (aunque este último no usara ye-yés, que Michel iba para
cantante serio). Sin olvidar una versión más en castellano, grabada por Gene Pitney para el mercado americano.
Las puertas del mercado discográfico español estaban
abiertas entonces de par en par a los artistas italianos. Acogimos en
nuestras tierras a la pionera cantante hispano-italiana Serenella, a Torrebruno
y a Ennio Sangiusto, que se establecieron en España, participando e impulsando el movimiento ye-yé autócnono, y recibimos las visitas puntuales de lolitas ye-yé como Rita Monico, Wilma Goich, Gigliola Cinquetti, y de otras más mayorcitas como Laura Casale y Lucia Valeri, muchas de las cuales grabaron discos en nuestro
país.
Rita 64
Rita 66
El modelo musical italiano, con su sensibilidad romántica, su carácter eminentemente melódico y sus abundantes dosis de ingenio y de humor, resultaba irresistible para los españoles. Y es que los italianos han sido siempre grandes artistas, dotados de un enorme buen gusto; cuando uno repasa la historia del pop itálico, puede llegar a creer que géneros como el rock progresivo, el groove, el funk o la cinemática, que se les han dado siempre de maravilla, fueron inventados allí y no en los Estados Unidos o en Inglaterra. Tanta es la sabiduría de sus músicos y compositores.
Durante los años 60 las casas discográficas españolas mantuvieron estrechos contactos con sus homólogas italianas, ostentando amplios catálogos de artistas itálicos, que acostumbraron a grabar sus éxitos en castellano (algunos también en catalán), siempre ávidos de conquistar el mercado español.
Belter fue quizá la discográfica que publicó mayor cantidad de discos que artistas italianos, todos de gran relevancia internacional: Mina, Tony
Dallara, Cocky Mazzetti, Giorgio Gaber, Fausto Leali, Memo Remigi, Caterina Caselli, Lilly Bonato, Iva
Zanicchi, Annarita Spinaci, Milena, Plinio Maggi...
Caselli 64
Mazzetti 63
No obstante Vergara no se quedó atrás, publicando infinidad de discos de otras figuras de primera fila como Claudio Villa, Adriano Celentano, Little Tony, Milva, Bobby Solo, Rocky Roberts, Emilio
Pericoli, Wilma Goich, Ornella Vanoni, Sergio Endrigo, Gianni Pettenatti…
Mientras
que RCA España publicó las referencias de otras muchas relevantes figuras: Rita Pavone,
Edoardo Vianello, Patty Pravo, Jimmy Fontana, Gino Paoli, Nico Fidenco, Tony Renis, Ivana Borgia o Gianni Morandi.
Pavone, 66
En cuanto a Hispavox, aunque tenía una tendencia más
afrancesada, tampoco se quedó corta distribuyendo los discos Peppino di Capri (que empezó publicando con Belter) y Gigliola Cinquetti, verdaderos monstruos ye-yé, además
de editar alguna cosa de la Caselli (rivalizando de nuevo con Belter) y de artistas menos conocidos: Joe Sentieri, Carmen Villani, Claudio Lippi... Pero ya que hablamos de Peppino di Capri, recordar que tenía muchos seguidores en España y que también grabó varios himnos ye-yé, alguno incluso con versión en español, como La rubita del bar, plagado de nuestras sílabas sagradas favoritas.
Peppino ye ye ye 64
Zafiro tuvo como figura estrella de su catálogo italiano a Remo Germani. Y publicó además a una larga serie de artistas menos conocidos como Umberto Gioventu, Peppino Gagliardi, Umberto Napolitano, Roberta Mazzoni...
Gagliardi 66
Mazzoni 66
Aunque tuvo el privilegio de publicar todo un bombazo ye yé italiano: un EP del grupo Le Amiche, con una seleccion de sus éxitos de 1965 interpretados en español. Esta rareza pertenece a uno de los pocos grupos exclusivamente formados por chicas que dió el pop italiano, junto con Le Sorelle y Le Snobs, que recuerdan a los grupos españoles de chicas del mismo momento: Ellas, Las Akelas, The Nannettes y especialmente Las Chics, a las que recuerdan mucho por su estilo de armonías corales. Les dejo que escuchen aqui uno de sus temas:
El sello Marfer publicó también a numerosos cantantes italianos que tenían como distintivo común el ser escasamente conocidos. Para comprobarlo, pregúntense cuantas personas de su círculo de amistades se acuerdan hoy día de Gigi Fumagalli (que hacía versiones de los Beatles), Vanna Scotti, Anna Identici, Mario Magni, Mino Reitano, Nello Nelli, Andrea Giordana, Orietta Berti, Edda Ollari, Roberta Amadei o Lucia Altieri. Aunque también publicó discos de otros más célebres como Fausto Leali o Iva Zanicchi.
Fumagalli 64
Caso singular fue el del sello Tempo, que demostró un gusto
exquisito publicando en 1966 dos discos (un EP y un single) de la chica super ye-yé Patrizia. A ella debemos un enorme shake-ye-ye titulado Shake In the Morning, y una de las piezas capitales del ye yé mundial de todos los tiempos: rítmica, humorística y atiborrada de nuestras silabas favoritas: L'asino, es decir, El asno...
Patri, 66
El sello Tempo tuvo además la gentileza de traerse a España a un delicioso conjunto italiano, Anna & The Modern Four, formado por dos chicos y dos chicas, al que editó un par de Eps en 1966 y 1967, grabados en nuestro país, incluyendo una gema garagera escrita por el grandísimo compositor catalán Jorge Domingo titulada Se acabó. Pero para singularidades, ninguna como la del sello CEM (Compañía Española de Música), cuyas estrambóticas ediciones de pop italiano merecen atención aparte, como vamos a ver enseguida.
Pero si creen que ya hemos nombrado a demasiados artistas y discos, me veo obligado a advertirles que no se vayan, que aún hay más. Porque prácticamente todos los sellos discográficos españoles activos a mediados de los años 60 publicaron ediciones españolas de discos italianos, con los títulos casi siempre traducidos al castellano. Lo hicieron a pequeña escala Discophon y las multinacionales CBS, Epic, Decca o Polydor. Pero también algunos microsellos independientes y hasta infrasellos: Sayton -que distribuyó discos del italiano sello italiano Clan-, Sesión, o Sintonía.
Sello Sintonia, 69
Todo este inmenso aporte de cantantes y autores de
canciones procedentes de Italia mantuvo una influencia constante en el pop español. Por ejemplo en los propios nombres que tomaban nuestros artistas, como demuestra el conjunto Los Haway San Remo (activo hacia 1964-66) o nuestra fantástica chica ye yé Mila, con un nombre parecido al de las italianas Milva y Mina. Raro fue el EP grabado por cantantes españoles entre 1963 y 1967 que no llevara como mínimo una
canción escrita por autores italianos. Y muchas veces, de manera monográfica,
las cuatro. Caso de los discos dedicados a los éxitos de San Remo que
acostumbraron a grabar nuestros artistas más famosos, a veces mostrando en
portada las canciones escritas en italiano (aunque luego estén cantadas en
castellano), porque así fardaba más. Lo hicieron, entre otros, Renata, Gelu, Los
4 de la Torre, José Guardiola, Michel, De Raymond, Lorenzo Valverde, Jaime
Morey, Los Stop, Los Mustang, Jacinta y María del Carmen. Aunque muchos otros
intérpretes, como Lita Torello, Elena Duque o Yolí, acostumbraron a llenar sus Eps de
canciones italianas, no necesariamente procedentes del Festival.
Cristina & Stop 67
Además de producir innumerables cantantes solistas, el pop italiano contó con una enorme cantidad de conjuntos, creadores de una nutrida (aunque poco conocida) escena beat, garage y soul, que llegó a ser retratada en filmes como la co-produción hispano-italiana Per un pugno di canzoni (José Luis Merino, 1966), parodia western ye yé también conocida como Europa canta, rodada parcialmente en España, que fue capaz de juntar a Los Beatles de Cadiz con Wilma Goich, The Yardbirds o I Pelati, entre otras grandes figuras. O I Ragazzi Di Bandiera Gialla (Mariano Laurenti, 1967), otro verdadero hito del cine pop europeo.
A pesar de haber tenido escaso peso en las listas de éxito (tanto internacionales como de su propio país), el vasto movimiento de conjuntos italiano también exportó una pequeña parte de sus productos a España. El botín se lo repartieron las casas Belter, que publicó discos de I Giganti e I Pelati; Vergara, que fue la principal en cuestión de conjuntos, publicando a I Corvi, New Trolls, The Renegades, I Ragazzi del Sole... Y hasta algún fantástico recopilatorio de beat italiano; RCA, que publicó a The Rokes y al grupo ye-yé La Cricca; Sesión, con su rarísima edición de un single de I Corsari; o Philips, que sin apenas haber editado música italiana, publicó numerosos discos de I Dik Dik y del Equipe 84, aunque estos últimos se publicaron en España también con CBS y Vergara. Los estilos importados fueron beat, pop, canción protesta y, en especial, rock garage.
Pelati, 67
Se dio la curiosa circunstancia de que un temazo del garage norteamericano como Ain't no Miracle Worker de The Brogues nos llegó, no directamente, sino a través de su versión italiana, grabada por I Corvi con el título de Un ragazzo di strada, o Un muchacho de la calle, en el citado disco de Vergara. (Aunque de justicia es recordar que la propia Vergara sí que publicó a otros garageros americanos como The Seeds).
Corvi, 67
Algo similar ocurrió con el misterioso cantante franco-egipcio Ricky Shayne y su canción Uno dei mods (1965), inspirada en los disturbios entre rockers y mods que tuvieron lugar en Brighton y en otros enclaves de la costa sur de Inglaterra durante la Pascua de 1964. Aunque era un asunto cien por cien inglés, nos llegó filtrado por una canción beat italiana, que fue editada en España por RCA, que además conoció una versión española en la voz de Paco Ruano, titulada Uno de los mods (1968).
El tema de los altercados violentos entre bandas rivales fue favorito en la particular selección de bandas italianas que llegó a España, ya que este es también el asunto de Come I Ragazzi di Via Paal, número garagero que abre el único EP de I Pelati editado en España (Belter, 1967), que venía traducido (en contraportada) como Los que dominan la ciudad. Y también de Atto di forza nº 10 del conjunto garagero I Ragazzi del Sole, que fue editado en España (por Vergara), además de ser objeto de una trepidante versión por Los Sírex, conjunto perteneciente al mismo sello, grabada en 1967 con el titulo Acto de fuerza.
Junto a todo este asunto garagero, canciones como C'era Un Ragazzo Che Come Me Amava I Beatles E I Rolling Stones de Gianni Morandi (1966), Chitare Contro La Guerra (1966) de Umberto Napolitano, cantada también por Carmen Villani, o La Rivoluzione (1967), cantada por Gianni Pettenatti y por Gene Pitney, entre otras, contribuyeron poderosamente al surgimiento de un pequeño movimiento de canción protesta en España, una protesta de lo más ye-yé, alrededor del IX Festival de la Canción de Benidorm en 1967.
Toda esta poderosa oleada de influencias procedentes de Italia apenas fluyó, sin embargo, en sentido
contrario: durante esos años, el pop español dejó una ínfima huella en
el pop itálico. Los Brincos lo intentaron con algunos singles cantados en el idioma de Celentano, publicados en Italia por el sello Jolly, que pasaron sin pena ni
gloria, como testimonio de un conjunto más, perdido en medio de su inmensa escena
beat. Otro conjunto español consagrado, Los Bravos, llegó a participar en el
Festival de San Remo de 1967, pero con un tema cantando en italiano y escrito
por autores italianos, Uno come noi. Serrat grabó en italiano una versión del eurovisivo éxito compuesto por el Dúo Dinámico, La, la, la, y Salomé hizo lo propio con su también eurovisivo Vivo cantando, algo bastante normal si se tiene en cuenta que lo grabó en otros 7 idiomas. Hasta Alex Marco intentó introducir en Italia su franco-español ritmo del Bicycle, topándose con una absoluta indiferencia.
Con este panorama resulta sorprendente que en Italia llegara
a conocerse y apreciarse uno de los hits españoles más exportables de aquel
momento, nada menos que la canción La
chica ye-yé de Guijarro-Algueró, compuesta en 1965, verdadero éxito masivo en
los países de habla hispana, que conoció casi una veintena de versiones, aunque
sean las interpretaciones grabadas por Rosalía y Conchita Velasco las más
conocidas en España. Pues bien, este tema fue grabado en 1965 por una cantante italiana
llamada, curiosamente, Lalla Castellano (aunque no en castellano), con el título Pupa ye yé, que constituye una de las pocas versiones del tema grabadas en idioma foráneo, junto con la que en inglés grabó el conjunto
griego Zoe and The Stormies, en 1966, titulada The Girl of ye yé.
Publicado en Italia en single por el sello Decca en 1965, el
tema fue también editado en España (el mismo año y por el mismo sello), aunque
aquí acompañado por otros tres temas, es decir, en
formato EP. Una verdadera anomalía, ya que el sello Decca, multinacional británica entonces asociada al sello español Columbia, apenas publicó música
italiana en nuestro país.
Y de anomalía en anomalía: Lalla Castellano llegó a publicar
un segundo EP en España, esta vez con el sello indie CEM (Compañía Española de
Música), en 1967. Un sello que se caracterizó por editar las cosas más
inverosímiles, de pop cristiano a soul sicodélico, pasando por vinilos dedicados a Carpanta y otros personajes de tebeo, o fatales compilaciones con pésimas versiones de éxitos internacionales. Pues bien, este curiosísimo sello también tuvo su propio catálogo de pop italiano, que publicó discos de consagrados cantantes como Nico Fidenco y Donatella Moretti, la última cantando en español, y de otros cantantes de segunda y tercera fila, como fueron propia la propia Lalla Castellano, Delfo, Loredana, Pasquale y Lady Sherry, todos ellos fechados en 1967. Los dos últimos con la peculiaridad de haber grabado sus discos en España, con unos medios bien humildes, a juzgar por el infame sonido de sus canciones. En especial el de Lady Sherry, que en realidad se llamaba Tania Anna Cortinovis, nacida en Bérgamo, amiga del conjunto I Nomadi, que estuvo trabajando en Madrid y en Torremolinos antes de firmar contrato con CEM. De su disco destacamos un auténtico número freakbeat-infra titulado Un angel vivo,
cantado y berreado (literalmente) en español, una
pieza imposible de sixties-soul-punk.
Está claro que con toda esta avalancha de discos de artistas italos (aquí tuvimos mucha más invasione italiana que british invasion), en España dispusimos de una visión bien completa de toda la gama musical italiana de la era ye-yé. Una situación que fue decayendo en los años 70, que ya no se ha vuelto a repetir desde entonces. Porque hace ya tiempo que por estos lares es mucho más fácil conocer al último grupo, del último pueblo, del último
estado de los USA, e incluso poder asistir a un concierto suyo, mientras que
los canales de comunicación con la música que se hace en países vecinos como Francia, Portugal o Italia están
prácticamente cortados, al margen de los puntuales éxitos que nos cuelan las multinacionales. Pero vamos, que a mi me da igual.