sábado, 3 de marzo de 2018

España ye yé: la conexión italiana


Mucha gente cree que toda la movida yeyé española de los años 60 fue la consecuencia natural de un invento de los Beatles, a causa del revuelo creado por sus canciones de 1963 She Loves You, e It Won’t Be Long, que iban cargadas de onomatopeyas ye-yé; junto con la influencia un poco posterior del también británico Georgie Fame y su hit masivo Yeh yeh, igualmente plagado con las sílabas de marras, que fue grabado en 1964 para alcanzar la cima del éxito al año siguiente.

Pues están equivocados. O, al menos, sólo ven una pequeña parte del mosaico. Porque el movidón yeyé español fue un asunto bien original, con características propias. Permeable, desde luego, a todo tipo de influencias foráneas, que fueron esenciales, pero, frente a lo que pudiera parecer, no procedieron en su mayor parte del mundo anglosajón; ni siquiera de Francia. El principal referente para el pop español de aquellos años (1964-1967) fue, sin duda alguna, la canción italiana, que tenía su escaparate anual en el Festival de San Remo: una fábrica inagotable de canciones para versionear; que además sirvió de modelo a numerosos festivales autóctonos, que acabarían jugando un papel clave en el desarrollo de la "canción ye-yé" española. En especial dos de ellos: el Festival de la Canción Mediterránea en Barcelona y el Festival de Benidorm.


No debe olvidarse que el Festival de San Remo en su edición de 1964 produjo un referente esencial para el ye-yé autóctono: Quandro vedrai la mia ragazza, interpretado por el rocker Little Tony, que iba tanto o más cargadito de ye-yés que las canciones de los Beatles y Georgie Fame antes citadas. Así lo demuestran las numerosas versiones del mismo que se grabaron en castellano, con el título de Si encuentras a mi amor: comenzando por una del propio Little Tony, y siguiendo con las de Ennio Sangiusto, Silvana Velasco, Tony Vilaplana, Los Mustang, Rudy Ventura, el Duo Juvent’s, y Michel (aunque este último no usara ye-yés, que Michel iba para cantante serio). Sin olvidar una versión más en castellano, grabada por Gene Pitney para el mercado americano.

Las puertas del mercado discográfico español estaban abiertas entonces de par en par a los artistas italianos. Acogimos en nuestras tierras a la pionera cantante hispano-italiana Serenella, a Torrebruno y a Ennio Sangiusto, que se establecieron en España, participando e impulsando el movimiento ye-yé autócnono, y recibimos las visitas puntuales de lolitas ye-yé como Rita Monico, Wilma Goich, Gigliola Cinquetti, y de otras más mayorcitas como Laura Casale y Lucia Valeri, muchas de las cuales grabaron discos en nuestro país.

Rita 64
Rita 66












El modelo musical italiano, con su sensibilidad romántica, su carácter eminentemente melódico y sus abundantes dosis de ingenio y de humor, resultaba irresistible para los españoles. Y es que los italianos han sido siempre grandes artistas, dotados de un enorme buen gusto; cuando uno repasa la historia del pop itálico, puede llegar a creer que géneros como el rock progresivo, el groove, el funk o la cinemática, que se les han dado siempre de maravilla, fueron inventados allí y no en los Estados Unidos o en Inglaterra. Tanta es la sabiduría de sus músicos y compositores. 

Mazzetti 63
Caselli 64
Durante los años 60 las casas discográficas españolas mantuvieron estrechos contactos con sus homólogas italianas, ostentando amplios catálogos de artistas itálicos, que acostumbraron a grabar sus éxitos en castellano (algunos también en catalán), siempre ávidos de conquistar el mercado español. Belter tuvo como artistas estrella a Tony Dallara, Mina, Cocky Mazzetti, Giorgio Gaber, Fausto Leali o Memo Remigi, publicando también algunas cosas de Caterina Caselli, Lilly Bonato, Iva Zanicchi, Annarita Spinaci, Milena, Plinio Maggi... 


Vergara editó muy numerosos discos de Claudio Villa, Adriano Celentano, Little Tony, Milva, Bobby Solo, Rocky Roberts, Emilio Pericoli, Wilma Goich, Ornella Vanoni, Sergio Endrigo, Gianni Pettenatti… 

Mientras que RCA España también contaba con figuras de primera fila como Rita Pavone, Edoardo Vianello, Patty Pravo, Jimmy Fontana, Gino Paoli, Nico Fidenco, Tony Renis o Gianni Morandi.


Pavone, 6
En cuanto a Hispavox, aunque tenía una tendencia más afrancesada, tampoco se quedó corta distribuyendo los discos Peppino di Capri (que empezó publicando con Belter) y Gigliola Cinquetti, verdaderos monstruos ye-yé, además de editar alguna cosa de la Caselli (rivalizando de nuevo con Belter) y de artistas menos conocidos: Joe Sentieri, Carmen Villani, Claudio Lippi... Pero ya que hablamos de Peppino di Capri, recordar que tenía muchos seguidores en España y que también grabó varios himnos ye-yé, alguno incluso con versión en español, como La rubita del bar, plagado de nuestras sílabas sagradas favoritas. 

Peppino ye ye ye 64


El sello Marfer dispuso también de un amplio catálogo de cantantes italianos, que tenían como distintivo común el ser escasamente conocidos. Para comprobarlo, pregúntense cuantas personas de su círculo de amistades se acuerdan hoy día de Gigi Fumagalli (que hacía versiones de los Beatles), Vanna Scotti, Anna Identici, Mario Magni, Mino Reitano, Nello Nelli, Andrea Giordana, Orietta Berti, Edda Ollari, Roberta Amadei o Lucia Altieri. Aunque también publicó discos de otros más célebres como Fausto Leali o Iva Zanicchi,




En una línea similar, Zafiro recogió las migajas del festín, publicando discos de cantantes más cercanos a la serie B como Umberto Gioventu, Peppino Gagliardi, Umberto Napolitano, Roberta Mazzoni... 

Gagliardi 66
Mazzoni 66
Caso singular fue el del sello Tempo, que demostró un gusto exquisito publicando en 1966 dos discos (un EP y un single) de la chica super ye-yé Patrizia. Además de traerse a España a un delicioso conjunto italiano, The Modern Four, formado por dos chicos y dos chicas, al que editó un par de Eps en 1966 y 1967. Pero para singularidades, ninguna como la del sello CEM (Compañía Española de Música), cuyas estrambóticas ediciones de pop italiano merecen atención aparte, como vamos a ver enseguida.

Patri, 66











Pero la cosa no acaba aquí. Prácticamente todos los sellos discográficos españoles activos a mediados de los años 60 publicaron ediciones españolas de discos italianos, con los títulos casi siempre traducidos al castellano. Lo hicieron a pequeña escala Discophon y  las multinacionales CBS, Epic, Decca o Polydor. Pero también algunos microsellos independientes y hasta infrasellos: Sayton, que distribuyó discos del italiano Clan, Sesión, o Sintonía. 


Sello Sintonia, 69
Todo este inmenso aporte de cantantes y autores de canciones procedentes de Italia mantuvo una influencia constante en el pop español. Por ejemplo en los propios nombres que tomaban nuestros artistas, como demuestra el conjunto Los Haway San Remo (activo hacia 1964-66) o nuestra fantástica chica ye yé Mila, con un nombre parecido al de las italianas Milva y Mina.

Raro fue el EP grabado por cantantes españoles entre 1963 y 1967 que no llevara como mínimo una canción escrita por autores italianos. Y muchas veces, de manera monográfica, las cuatro. Caso de los discos dedicados a los éxitos de San Remo que acostumbraron a grabar nuestros artistas más famosos, a veces mostrando en portada las canciones escritas en italiano (aunque fueran cantadas en castellano), porque así fardaba más. Lo hicieron, entre otros, Renata, Gelu, Los 4 de la Torre, José Guardiola, Michel, De Raymond, Lorenzo Valverde, Jaime Morey, Los Stop, Los Mustang, Jacinta y María del Carmen. Aunque muchos otros intérpretes, como Lita Torello, o Yolí, acostumbraron a llenar sus Eps de canciones italianas, no necesariamente procedentes del Festival.  

Cristina & Stop 67

Además de producir innumerables cantantes solistas, el pop italiano contó con una enorme cantidad de conjuntos, creadores de una nutrida (aunque poco conocida) escena beat, garage y soul, que llegó a ser retratada en filmes como o la co-produción hispano-italiana Per un pugno di canzoni (José Luis Merino, 1966), parodia western ye yé también conocida como Europa canta, rodada parcialmente en España, que fue capaz de juntar a Los Beatles de Cadiz con Wilma Goich, The Yardbirds o I Pelati, entre otras grandes figuras. O I Ragazzi Di Bandiera Gialla (Mariano Laurenti, 1967), otro verdadero hito del cine pop europeo. 





















A pesar de haber tenido escaso peso en las listas de éxito (tanto internacionales como de su propio país), el vasto movimiento de conjuntos italiano también exportó una pequeña parte de sus productos a España. El botín se lo repartieron las casas Belter, que publicó discos de I Giganti e I Pelati; Vergara, que fue la principal en cuestión de conjuntos, publicando a I Corvi, New Trolls, The Renegades, I Ragazzi del Sole... Y hasta algún fantástico recopilatorio de beat italiano; RCA, que publicó a The Rokes y al grupo ye-yé La Cricca; Sesión, con su rarísima edición de un single de I Corsari; o Philips, que sin apenas haber editado música italiana, publicó numerosos discos de I Dik Dik y del Equipe 84, aunque estos últimos publicaron en España también con CBS y Vergara. Los estilos importados fueron beat, pop, canción protesta y, en especial, rock garage. 


Pelati, 67

Se dio la curiosa circunstancia de que un temazo del garage norteamericano como Ain't no Miracle Worker de The Brogues nos llegó, no directamente, sino a través de su versión italiana, grabada por I Corvi con el título de Un ragazzo di strada, o Un muchacho de la calle, en el citado disco de Vergara.

(Aunque de justicia es recordar que la propia Vergara sí que publicó a otros garageros americanos como The Seeds). 


Corvi, 67




Algo similar ocurrió con el misterioso cantante franco-egipcio Ricky Shayne y su canción Uno dei mods (1965), inspirada en los disturbios entre rockers y mods que tuvieron lugar en Brighton y en otros enclaves de la costa sur de Inglaterra durante la Pascua de 1964. Aunque era un asunto cien por cien inglés, nos llegó filtrado por una canción beat italiana, que fue editada en España por RCA, que además conoció una versión española en la voz de Paco Ruano, titulada Uno de los mods (1968). 






El tema de los altercados violentos entre bandas rivales fue favorito en la particular selección de bandas italianas que llegó a España, ya que este es también el asunto de Come I Ragazzi di Via Paal, número garagero que abre el único EP de I Pelati editado en España (Belter, 1967), que venía traducido (en contraportada) como Los que dominan la ciudad. Y también de Atto di forza nº 10 del conjunto garagero I Ragazzi del Sole, que fue editado en España (por Vergara), además de ser objeto de una trepidante versión por Los Sírex, conjunto perteneciente al mismo sello, grabada en 1967 con el titulo Acto de fuerza












Junto a todo este asunto garagero, canciones como C'era Un Ragazzo Che Come Me Amava I Beatles E I Rolling Stones de Gianni Morandi (1966), Chitare Contro La Guerra (1966) de Umberto Napolitano, cantada también por Carmen Villani, o La Rivoluzione (1967), cantada por Gianni Pettenatti y por Gene Pitney, entre otras, contribuyeron poderosamente al surgimiento de un pequeño movimiento de canción protesta en España, una protesta de lo más ye-yé, alrededor del IX Festival de la Canción de Benidorm en 1967. 



















Tema que hemos desarrollado en otra entrada de nuestro blog: 

Protesta-Contraprotesta: un debate pop en la España de Franco (1964-1969)


Todo este poderoso intercambio de influencias, sin embargo, apenas fluyó en sentido contrario: durante esos años, el pop español dejó una ínfima huella en el pop itálico. Los Brincos lo intentaron con algunos singles cantados en el idioma de Celentano, publicados en Italia por el sello Jolly, que pasaron sin pena ni gloria, como testimonio de un conjunto más, perdido en medio de su inmensa escena beat. Otro conjunto español consagrado, Los Bravos, llegó a participar en el Festival de San Remo de 1967, pero con un tema cantando en italiano y escrito por autores italianos, Uno come noi. Serrat grabó en italiano una versión del eurovisivo éxito compuesto por el Dúo Dinámico, La, la, la, y Salomé hizo lo propio con su también eurovisivo Vivo cantando, algo bastante normal si se tiene en cuenta que lo grabó además en otros 7 idiomas. Hasta Alex Marco intentó introducir en Italia su franco-español ritmo del Bicycle, topándose con una absoluta indiferencia. 







Con este panorama resulta sorprendente que en Italia llegara a conocerse y apreciarse uno de los hits españoles más exportables de aquel momento, nada menos que la canción La chica ye-yé de Guijarro-Algueró, compuesta en 1965, verdadero éxito masivo
en los países de habla hispana, que conoció casi una veintena de versiones, aunque sean las interpretaciones grabadas por Rosalía y por Conchita Velasco las más conocidas. Pues bien, este tema fue grabado en 1965 por una cantante italiana llamada, curiosamente, Lalla Castellano, con el título Pupa ye yé, que constituye una de las pocas versiones no castellanas del tema, junto con la que en inglés grabó el conjunto griego Zoe and The Stormies, en 1966, titulada The Girl of ye yé.

Publicado en Italia en single por el sello Decca en 1965, el tema fue también editado en España (el mismo año y por el mismo sello), aunque aquí acompañado por otros tres temas, es decir, en formato EP. Una verdadera anomalía, ya que el sello Decca, multinacional británica entonces asociada al sello español Columbia, apenas publicó música italiana en nuestro país.






























Y de anomalía en anomalía: Lalla Castellano llegó a publicar un segundo EP en España, esta vez con el sello CEM (Compañía Española de Música), en 1967. Un sello que se caracterizó por editar las cosas más inverosímiles, de pop cristiano a soul sicodélico, contando además con su propio catálogo de pop italiano. Dentro de éste, publicó discos de consagrados cantantes como Nico Fidenco y Donatella Moretti, la última cantando en español, y de otros cantantes de segunda y tercera fila, como fueron propia la propia Lalla Castellano, Delfo, Loredana, Pasquale y Lady Sherry, todos ellos fechados en 1967. Los dos últimos con la peculiaridad de haber grabado sus discos en España, con unos medios bien humildes, a juzgar por el infame sonido de sus canciones. En especial el de Lady Sherry, que en realidad se llamaba Tania Anna Cortinovis, nacida en Bérgamo, amiga del conjunto I Nomadi, que estuvo trabajando en Madrid y en Torremolinos antes de firmar contrato con CEM. De su disco destacamos un auténtico número freakbeat-infra titulado Un angel vivo, cantado y berreado (literalmente) en español, una pieza imposible de sixties-soul-punk-desorientado.









Está claro que con esta avalancha de discos de artistas italos (aquí tuvimos mucha más invasione italiana que british invasion), en España dispusimos de una visión bien completa de toda la gama musical italiana de la era ye-yé. Una situación que fue decayendo en los años 70, que ya no se ha vuelto a repetir desde entonces. Porque hace ya tiempo que por estos lares es mucho más fácil conocer al último grupo, del último pueblo, del último estado de los USA, e incluso poder asistir a un concierto suyo, mientras que los canales de comunicación con la música que se hace en países vecinos están prácticamente cortados. O al menos eso parece. Pero vamos, que a mi me da igual.






1 comentario:

  1. Grazie mille!
    Muchas gracias por el currado artîculo. Enhorabuena!

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